11/08/2021

Los salarios perdieron casi un 15% frente a la inflación en el último año

Según las últimas estadísticas del Indec.

Este martes 10 de agosto se publicaron nuevas estadísticas del Indec. Las mismas dan cuenta, una vez más, de que la pérdida del poder adquisitivo de los salarios frente a la inflación se sigue acumulando. Los incrementos salariales correspondientes a junio, de un 2,3% en promedio, quedaron por debajo de los aumentos en los bienes de consumo del período, que alcanzan un 3,2%. Así, el retroceso para los trabajadores frente a la suba incontrolable de precios sigue sumando capítulos, y echa por la borda la meta oficial de inflación 2021 estipulada en un 29% con la que se cerraron las paritarias al comenzar el año. Si hacemos un panorama general del retroceso en materia salarial del último año, el promedio es de un 14,65%.

Mientras el alza de precios acumula ya un 25,3% en lo que va del año, en el día de mañana se conocerá la actualización correspondiente a julio. Lo que ya hay de preciso al momento es que la inflación interanual se eleva hasta un 50,2%, mientras la evolución remunerativa para los trabajadores registrados en el plazo fue de un 36,9%. Hablamos de un menoscabo del 13,3%. Entre los trabajadores no registrados, los aumentos en el ínterin fueron de un 34,2%. Se trata de una pérdida del 16%.

Así, los propios números oficiales una vez más desmienten al jefe de gabinete, Santiago Cafiero, cuando afirmaba que “este año los salarios le ganan a la inflación”. Confirma, por el contrario, que la variable de ajuste ante el desarrollo de la crisis son los salarios, las jubilaciones y los planes sociales. En ese mismo sentido se anota el miserable aumento del próximo mes a los haberes previsionales de un 12,3%, con una jubilación mínima que siquiera alcanza a la línea de indigencia. Similar suerte corre la asistencia social, donde los planes sociales que encubren relaciones laborales en el Estado como contraprestaciones no alcanzan en muchos casos ni la mitad de la canasta básica alimentaria, es decir, son retribuciones que no llegan ni a la mitad de la línea de indigencia.

Estas estadísticas son las que explican la flagrante pauperización social. La desvalorización permanente de los salarios provoca, justamente, que la pobreza no sea un fenómeno ajeno a los trabajadores «en blanco». De hecho, en este último año, dos millones y medio de trabajadores ocupados se convirtieron en nuevos pobres. Así, la mitad de los hogares del país está hoy día bajo esta condición. Son cada vez más las capas de asalariados que perciben ingresos por debajo de la canasta básica familiar, lo que se constata en una reducción cada vez mayor de la denominada “clase media”.

Alberto Fernández, incluso, se refirió a los millones que, amén de los salarios de pobreza e indigencia, ni siquiera tienen trabajo. Una situación que se agudizó exponencialmente durante la cuarentena, a pesar del “decreto antidespidos” que nadie cumplió, empezando por el propio gobierno. Fernández postula que “hay una mejoría” respecto a la cuestión; que se están recuperando puestos de trabajo. Pero, nuevamente, estadísticas (incluso las oficiales) matan relato: la propia Afip certifica que la mitad de los puestos recuperados en el último tiempo fueron inscriptos bajo la figura del monotributo de pequeños contribuyentes. Es decir que no solo avanza la pobreza, la miseria, el hambre, la indigencia y la desocupación; también avanza la liquidación de los convenios colectivos de trabajo, los derechos y las conquistas laborales.

Luego de la experiencia de los cuatro años de macrismo, los trabajadores votaron a Fernández para sacarse de encima a un gobierno que liquidó los salarios y sus condiciones de vida. Pero, por el contrario, este último pisó aún más fuerte el acelerador del ajuste para descargar el peso de la crisis sobre las mayorías populares. Es hora de ponerle el punto final. Todos los que nos gobernaron en las últimas décadas son responsables del hambre y el saqueo, por lo que los trabajadores debemos imponer una salida propia a una crisis que no se aguanta más. Son cada vez mayores los sectores de la clase obrera que deliberan en asambleas en cada lugar de trabajo, que se organizan por sus reclamos, que salen a luchar por la reapertura de las paritarias; y marcan el camino para enfrentar el ajuste al que también está comprometido todo el arco de la burocracia sindical entreguista que avala esta situación.

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