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30/11/2020
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DIEGO

La muerte de Maradona para la clase obrera y el movimiento de mujeres

La muerte de Maradona despertó un debate acerca de la compatibilidad de un sentimiento por su partida y la lucha contra las violencias hacia las mujeres. Llegó a celebrarse su muerte porque habría “un violento menos” y a marcarse la supuesta ironía de su partida en una fecha de lucha del movimiento de mujeres. Una parte del debate giró en torno a una inexistente reivindicación de Maradona por ser violento, al mismo tiempo que se realizaron acusaciones muchas veces sin fundamentos y se contrabandearon posiciones políticas con el fin de justificar una distancia con el sentimiento popular de dolor ante la partida de Diego.

De conjunto se expresaron, aunque minoritariamente, planteos punitivistas y que pretenden la cancelación de este ídolo popular por las situaciones de violencia que ejerció a lo largo de su vida. Se buscó así matizar su carácter popular y hasta se llegó a condenarlo por su adicción como si esta fuera producto de una irresponsable decisión individual.

Maradona fue un hijo de la clase obrera y se lo llora en mundo entero como tal. Fue el mejor en su disciplina y este logro fue producto del esfuerzo de una familia obrera que lo convenció de que podía salir de la miseria jugando bien a la pelota. Uno de Fiorito que llegó a triunfar entre millones que no tienen esa suerte y que viven expuestos a la explotación de clase y todas las formas de opresiones y violencia. Asimismo, es por todos conocidos que su carrera lo llevó a obtener privilegios de otra clase, que aun así no lo privaron de una identificación con los más humildes y que fue mutua. Sin embargo hay que resaltar que esos mismos privilegios -que representan prácticas de una clase social como la burguesía en plena descomposición- son los que lo llevaron a la ruina futbolística y personal.

Tan cierto como lo anterior es que todo análisis sobre su vida no puede desconocer que es venerado fundamentalmente por lo que hizo dentro de la cancha, porque con su talento, picardía y bravura le ganó a una potencia y esto fue aire fresco para millones de trabajadores que venían de padecer una dictadura militar en extremo violenta y una guerra contra Gran Bretaña. Sus jugadas y temperamento tuvieron una proyección simbólica en lo que los trabajadores quieren que los represente: alguien que defiende sus intereses con inteligencia, avidez y temple. Es lo que la clase política no podría jamás representar para ellos, porque defiende las ganancias de una minoría social y sostiene a un Estado que ajusta y reprime.

Sobre la funcionalidad de la condena y la cancelación

Millones de trabajadores y trabajadoras reivindican a Diego por sus logros, aunque conocen sus miserias. En este sentido, es interesante reflexionar acerca de por qué hubo quienes sintieron la necesidad de actuar en estas horas como jueces y fiscales no solo de Maradona y sus actos, sino también de aquellas mujeres sobre las que la muerte de Maradona generó un impacto. Vale la aclaración de que, para algunas de nosotras, este impacto ha sido vivido también como una contradicción, porque quienes nos emocionamos con el fútbol de Maradona y las reacciones que ha causado su muerte en todo el mundo, no nos olvidamos de sus actos de violencia, misoginia u otras miserias. Pero estamos dispuestas a problematizar esos sentimientos encontrados. No nos es gratuito o indiferente llorar a Maradona, sabiendo quien fue afuera de la cancha, en su vida personal y política. Pero tampoco queremos renunciar a nuestro derecho a sentirnos parte del sentimiento de tristeza y pena que hoy recorre hasta los lugares más lejanos del mundo, porque se fue el mejor jugador de fútbol de la historia. Para quienes el fútbol es un deporte más, o para quienes pesa más el Maradona “fuera de la cancha” quizá esto no quiere decir nada y lo respetamos. Pero para quienes representa infancia, padres y madres juntando peso por peso para pagar la entrada a la cancha, barrio y pasión compartida es inevitable la identificación.

Pero, en efecto, una identificación con el dolor popular no puede tergiversar la historia, porque a la realidad se la debe ver y analizar como lo que es y Maradona también es un ídolo que ejerció distintos tipos de violencias con parejas, hijes y otras mujeres. Son conocidos los episodios como la imagen en la que golpea a Rocío Oliva para sacarle un celular, la fotografía con dos pibas que aparentan minoría de edad en Cuba y las denuncias de Claudia por violencia psicológica. Ni hablar de les hijes a quienes no reconoció y les vulneró su derecho a la identidad durante años. También reflejó sus límites en muchas opiniones misóginas y homofóbicas.

Ahora bien, descartar a un ídolo popular por sus miserias es lo más fácil,y quien quiera hacerlo tiene todo el derecho. Pero algo muy distinto es considerar que con ello se realice un aporte a erradicar la violencia contra las mujeres, que al fin y al cabo es el objetivo que perseguimos.

No podemos obviar que el movimiento de mujeres tiene límites que hoy se reflejan en desorientación y adaptación a la desmovilización- a lo que contribuyó por supuesto la pandemia del Covid y la cooptación de un puñado de dirigentes al oficialismo. Hay que considerar que dirigir los dardos contra Maradona y contra quienes lo lloran desconsoladamente -sin más planteo que este- es más útil a quienes hoy se encuentran adaptadas a esta parálisis que a las miles de mujeres que necesitan y quieren salir a la calle para luchar contra el hambre, el ajuste por el aborto legal y todas las demandas pendientes. Es la excusa perfecta para elles: enemigos que siempre están afuera. Leímos opiniones de quienes ni con la iglesia pedófila fueron tan agudas en la crítica, que han dejado pasar meses de inacción de un Ministerio de mujeres, géneros y diversidades fantasma y que defienden un régimen de hambre y saqueo contra las masas.

Creemos que el problema que se nos plantea frente a cuestiones como estas no puede ser resuelto mediante atajos, que llaman a defender que Maradona debía morir sin homenajes. Incluso, no alcanza aquí el “separemos al autor de su obra” ni vale buscar el Diego que nos quede cómodo a cada une según su posición. Mal que nos pese Diego era uno y el tipo que nos hizo llorar con esa corrida que dejó atrás a cinco jugadores ingleses y en el piso (y que terminó en el mejor gol de la historia) es el mismo tipo que también violentaba a Claudia o abandonaba criaturas en distintas partes del mundo. La pregunta que nos hacemos es si la solución o la superación del dilema es el simple repudio, el señalar el tema para “cancelar” a Diego y por esa vía, quedarse con la conciencia tranquila de que une no reivindica un violentos.

Vale la pena insistir en que nadie de les que lo lloran en estos días lo reivindican por su machismo y sus conductas violentas. Nadie salió a homenajear a Diego por abandonar hijes o violentar mujeres. Lo que generó y genera la admiración de miles en todo el mundo es el Diego futbolista, pero también el Diego irreverente y rebelde, el Diego que la agitaba contra el poder (aunque también buscará varias veces su cobijo) y que nunca se olvido y tampoco dejo que los demás olviden que él era un “villero”.

Mirarse en el espejo de la clase obrera para erradicar la violencia

Ahora bien, este tipo de conclusiones incomodan porque ocurre que muchas de las conductas de Diego son las mismas que encontramos diseminadas entre nuestros compañeros de clase. Las contradicciones de Diego son las contradicciones de varies de nosotres, de compañeros de trabajo, de hijos, hermanos, padres, amigues, parejas. Quienes militamos en el movimiento de mujeres no podemos desconocer esta realidad y actuar como si el problema de la violencia machista estuviera afuera o en este caso en una figura mal idolatrada. La de la violencia es la realidad con la que miles de mujeres convivimos todos los días. Entonces, ¿la solución es repudiar y cancelar a todos esos varones, a estos Maradonas sin popularidad? Entendemos que no.

El machismo y la misoginia son formas que el régimen capitalista encuentra para dividir a la clase obrera, para debilitarla. Sabemos que para terminar con estos flagelos definitivamente tenemos que tirar abajo este régimen y construir otro sobre nuevas bases sociales. Pero mientras tanto, no solo luchamos contra la violencia hacia las mujeres (que en este país significa nada más y menos que una mujer muerta cada 23 horas) no solo buscamos organizar a las mujeres en los barrios, los lugares de trabajo y estudio por sus reivindicaciones propias y para unirlas con las del conjunto de la clase obrera, sino que también buscamos el debate, la reflexión y la compresión de esta problemática entre los compañeros y compañeras de nuestra clase, para ayudar a la elevación de la conciencia que permita erradicar todas las conductas individuales que le sean funcionales al régimen. Es una batalla cotidiana que no es posible eludir ni tampoco resolver solo con el simple repudio y la cancelación.

Es cierto que Maradona tuvo una proyección que no tienen otros hijos de la clase obrera y en eso se le asigna la “responsabilidad” de ser un ejemplo en todos los terrenos. No se pretende negarlo y tampoco minimizar o quitarle importancia a sus acciones, sino poner de manifiesto la complejidad del asunto. Para ser justas, la vara con la que medimos las miserias del Diego no son las mismas con las que se suele juzgar a nuestros enemigos de clase, que siempre caen parados, y que se autoabsuelven de las responsabilidades en la generación de la violencia, la miseria y todos los padecimientos de los explotados.

Sin más armas en la mano que un diez en la camiseta

La muerte de un ídolo popular plagado de contradicciones más cercanas de lo que a muches les gustaría ha abierto un debate y reflexiones que deben servirnos, en definitiva, para reforzar la pelea contra el régimen, el Estado y sus gobiernos que son los últimos responsables de las violencias cotidianas que sufrimos las mujeres y las familias obreras. Mientras tanto, creemos que está permitido llorar a quien dio felicidad a la clase obrera argentina y napolitana y de todo el mundo, a quien alivió sus penurias con un grito de gol y les permitió acercarse a victorias, aunque no sean las definitivas por las que luchamos.

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