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11/08/2021
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Las claves políticas de la juventud en esta campaña electoral

La pobreza, la falta de trabajo, la precarización y la deserción no van más. Digamos basta.

El éxito del reestreno de la serie Okupas, que es hoy una de las más vistas en la plataformas de servicios de streaming, no puede estar relacionado solamente al talento de dirección de Bruno Stagnaro, ni a las brillantes actuaciones de Rodrigo de la Serna (Ricardo), Diego Gómez (el “Pollo”), Ariel Staltari (Walter) y Franco Tirri (“El Chiqui”). El furor por una emisión que se estrenó en octubre del 2000 encuentra su razón de ser en el parentesco de una situación social. El mismo evidencia que en el 2021 no solamente no se solucionaron los problemas de principios de siglo, sino que se agravaron.

¿Vamos a volver a ser felices?

Los índices sociales en la Argentina comprueban la afirmación anterior. Un informe del Consejo de Coordinación de Políticas Sociales afirma que la pobreza llegó al 49,5% y subió entre 7 y 8 puntos porcentuales (2,5 millones de “nuevos pobres”) bajo el gobierno de Alberto Fernández. En el último año, no solamente subió el desempleo sino también la gente sin trabajo que se resigna a buscarlo por la falta de oportunidades, así como también el salario perdió 7 puntos contra la inflación. Por supuesto que es algo general: del 2011 a la fecha se perdieron 224 mil puestos de trabajo registrado, mientras que la población en edad laboral aumentó en tres millones, lo que indica que subió la desocupación (800.000 personas más se consideran en esa condición) y la precarización laboral (1,5 millones de “cuentapropistas” son ejemplos de esto). Las dificultades de la juventud para conseguir un trabajo y sobre todo uno “en blanco” están a la orden del día.

Más allá de que se excusan en la pandemia, las políticas de “los Fernández” estuvieron a tono con esta realidad. Las prioridades al servicio del pago de la deuda trazaron un rumbo determinado. La quita del IFE cuando la pandemia estaba (y está) lejos de terminar, lo evidenció. Pero también la política fiscal, que dio un déficit del 0,5 en el primer semestre, con un Presupuesto 2021 (que ya de por sí era ajustado) que “permitía” un 4,5%.

Más allá de los detalles, ¿qué se puede esperar de un gobierno que gasta casi nada en un país en donde el hambre y la pobreza son la regla, con una pandemia y una situación caótica? Las palabras sobran. Cuando un sector juvenil importante participa en la recuperación de tierras ante las dificultades para acceder a una vivienda y pagar un alquiler, Fernández, Kicillof y Berni mandan las topadoras como pasó en Guernica. No sólo fueron balas: la represión brutal ante las “ocupaciones” es una señal al capital financiero y el FMI de que estos actos no están permitidos. La patria es el desalojo.

La política educativa siguió el mismo rumbo. Un millón de pibes quedaron por fuera del sistema educativo. Seis millones declararon tener algún problema “de conectividad”. Ante esto, solamente repartió 121.000 computadoras y promete, sin entrega aún, 600.000 más. El presupuesto educativo es solamente el 1,3% del PBI nacional ( contrasta con el 7,07% para deuda pública) y el aumento de la partida para educación superior fue del 17% con una inflación prevista del 29% y una real que bordeará el 50%. Mantuvieron las becas Progresar en menos de 2.500 pesos por mes y su adjudicación solamente se cumple si el grupo familiar del beneficiario cobra tres salarios mínimos o menos (cerca de 80 mil pesos). A los 10 mil pibes que acamparon el jueves pasado en Pizzurno no les dieron ninguna respuesta concreta.

El gobierno comenzó a tomar “medidas” en busca del llamado voto joven, que se le escapa por la resignación que genera el camino tomado. El plan “Juana Manzo” son promesas de computadoras. Las 487 becas de investigación para proyectos no solamente no están especificadas más que en un tweet sino son migajas, y el plan “Argentina Programa” solo servirá para “beneficiarios” que “avancen en el curso” y, aunque suene ridículo, será dado para quien tenga una computadora y acceso a Internet. El plan “empleo joven” incluye cobros de 15.000 pesos por mes en los “períodos de prueba” y solamente busca avalar una precarización que ya avanza de facto con Rappi y Uber.

Hay una relación entre crisis educativa y la informalidad laboral. Los problemas para estudiar conviven con la falta de expectativas. El 64,7% de la clase trabajadora desocupada tiene secundario completo. La mano de obra está relativamente sobrecalificada en relación a los puestos de trabajo que existen, por más que empresas como Toyota y sus voceros no lo admitan.

El mundo que nos dejan está en duda hasta desde el punto de vista ambiental, con un ministro como Cabandié que dice que “no podemos pagar la deuda sin contaminar”. La cifra de femicidios desde que el Frente de Todos llegó a la Rosada supera los 500 y el Plan Acompañar está muy lejos de ser una solución. A 5 meses de la desaparición de Tehuel de La Torre en Buenos Aires, la policía de Berni y Kicillof siguen bloqueando su operativo de búsqueda.

Por más que el presidente, frente a toda esta realidad, hable de su “llama revolucionaria”, el camino es el ajuste. Y los números no cierran con les jóvenes dentro. Contra la frase de cabecera de CFK, si queremos ser felices sólo queda dar pelea.

 

¿Quiénes son “ellos” y quienes “nosotros” en el país con el que sueña Javier Milei?

A la derecha de Juntos por el Cambio le cuesta captar el descontento con el gobierno en la juventud. Más allá de los maquillajes (cambio de nombre, movimientos en la sección electoral) se le complica sacarse el lastre de la gestión de Macri, que hundió al país con endeudamiento, fuga de capitales, devaluación y ajuste brutal. ¿La juventud de la Capital Federal va a votar a Vidal, responsable de una debacle educativa en PBA que, entre otras cosas, se cobró la vida de Sandra y Rubén? ¿O a Santilli en PBA luego de la política represiva y privatizadora de Larreta y Macri?

Este fracaso permite que hoy un grupo de ultraderechistas intenten levantar cabeza, buscando principalmente el voto joven. Milei, Espert y compañía apuntas sus cañones a este sector con la fachada atractiva del mote de “libertario”. Utilizan la consigna “ellos contra nosotros”, postulándose contra el Frente de Todos y Juntos por el Cambio. Escarbando con rapidez es sencillo dilucidar que tal concepción es un disparate.

Primero, la lista de Milei está compuesta por gente que no puede excusar a su persona del régimen. Es secundado por Victoria Villarruel, defensora de genocidas, que se popularizó por negar el terrorismo de Estado en “la época del Proceso”. Tiene funcionarios que participaron del fracaso macrista como Carolina Píparo (en PBA), Clara Malbrán y Oscar Lago, que usó las arcas del estado para darle puestos a siete familiares suyos. También están el gerente Roggio Durini (ex Techint) y el Brigadier Jorge Reta, que buscaba que Inglaterra cuide el espacio aéreo en el G20. Como se ve, entre macristas fracasados y ultra derechistas de trasnoche.

Milei propone eliminar los impuestos, pero se pronunció a favor de sostener el pago de la deuda. ¿Cuál es el truco? Simple. Privatizar todo: salud, educación. Eliminar cualquier tipo de servicio público. Solamente con tanques en la calle se puede llevar adelante un plan de estas características. La “defensa de la propiedad” no es otra cosa que el sostenimiento de un régimen desigual y de explotación. No hay libertad en el capitalismo. La crisis capitalista mundial termina pariendo movimientos fascistoides, casi hitlerianos. El “zurdo compadre, la concha de tu madre” en tono videliano del sábado pasado debe ser leído en esa orientación. El huevo de la serpiente tiene que ser combatido.

Esta alianza se evidencia así misma cuando sus voceros reivindican al gobierno de Menem (el mejor gobierno del último tiempo, según Milei). Su programa no es otro que el de pisarle la cabeza a la clase trabajadora y liquidar cualquier movimiento de lucha. No es casual entonces su postura rabiosamente antiderechos contra el movimiento de mujeres. Se postula como defensora de las empresas contaminantes cuando niega el cambio climático. El “ellos” son las mayorías populares cuyos intereses hay que atacar y el “nosotros” las ganancias patronales a defender para Milei. Siguiendo sus palabras, no es ni cordero ni león. Es un flor de ajustador.

 

Una juventud protagonista y su programa

De este cuadro podría tranquilamente desprenderse una conclusión de desgano. Pero el planteo del FIT-U para la juventud refleja exactamente lo contrario. Transformar la resignación en lucha y que esta se vea reflejada en su campaña es un objetivo crucial para la izquierda. En el último tiempo, la juventud piquetera ganó las calles contra el hambre, como se demostró en 2020 y 2021. Peleó en todo el país y el mundo en defensa del ambiente y contra la megaminería. Ya demostró que se planta cuando pintó las calles de verde por el aborto legal. El jueves pasado,10 mil pibes con la Juventud del Polo Obrero a la cabeza realizaron un acampe para un reclamo básico: poder estudiar. Esta pelea, clave del momento, requiere una continuidad que tendrá que fundirse con la campaña del FIT-U, que busca expresar todas estas peleas de la juventud. Piqueterizar a la juventud se muestra como un planteo vigente.

A esta impronta de lucha y protagonismo, el Partido Obrero y el Frente de Izquierda-Unidad le suman una pelea por un programa para la juventud. Sin salidas concretas solamente se cae en denuncias y peleas que no por firmes y justas adquieren el volúmen político necesario para tener una perspectiva. Esta plataforma incluye incluye el aumento presupuestario para la educación, la derogación de leyes y reformas antieducativas como la Unicaba en la Ciudad, el aumento de la Beca Progresar a $15.000 y su entrega de forma irrestricta, el salario igual a la canasta familiar, el reparto de equipos y conectividad, el salario básico por encima de la línea de pobreza y la lucha contra la precarización laboral, la aplicación de una ESI laica y científica. También el rechazo a la megaminería contaminante y la defensa del ambiente, el desmantelamiento de la policía y la lucha contra la represión (fuera Berni). El programa tiene que defender el no pago de la deuda para financiar estas medidas, así como también impuestos progresivos a las viviendas ociosas para un plan de viviendas populares.

No va más

El carácter popular de la campaña de la juventud del Partido Obrero expresa todos y cada uno de estos problemas. La asamblea del fin de semana pasado en Moreno con 500 pibes de la Zona Oeste así lo demuestra. No es una excepción, ya pasó en toda la Provincia de Buenos Aires, en Córdoba, en Caleta Olivia y otros puntos del país. Es lo que buscará el acto de la UJS y la JPO de CABA el sábado que viene en Parque Avellaneda.

No podemos seguir poniendo sobres en urnas que nos sacan nuestros sueños. Digamos basta, es momento de cambiar. Solamente luchando tenemos futuro.

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