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13/03/2021
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Las mujeres en la Comuna de París

A 150 años del primer gobierno obrero de la historia

El 18 de marzo de 1871 comenzó la insurrección que parió la Comuna de París, la primera experiencia de gobierno obrero en la historia. El rol protagónico de las mujeres en estas jornadas fue decisivo para derrotar al ejército de Versalles. Fue  una primer muestra de la entrega y disposición de lucha de las mujeres proletarias por el triunfo de la Comuna.

Tras la capitulación del gobierno francés de Adolphe Thiers, la Guardia Nacional parisina, integrada mayoritariamente por obreros y artesanos,  resiste la ocupación de la capital por parte de los prusianos. Los trabajadores toman el control de la ciudad.  El 18 de marzo, el ejército de Versalles intentará  desarmar los batallones obreros de París. Centenares de mujeres movilizadas se interpusieron ante los soldados, increpándolos para que bajen las armas que empuñaban contra el pueblo, al grito de “¡Es una vergüenza! ¿Qué hacéis aquí?” (H. Prosper-Olivier Lissagraray. 1971)

Louise Michel, destacada combatiente (y posterior a la Comuna, líder anarquista), relata uno de los encuentros cruciales en Montmartre. Ocupada por el ejército, las y los combatientes de la Guardia Nacional avanzan dispuestos a morir antes que rendirse. “De pronto vi a mi madre cerca de mí, y experimenté una espantosa angustia; inquieta, había acudido. Todas las mujeres se hallaban allí subiendo a la vez que nosotros, no sé cómo (…) Las mujeres se tiran sobre los cañones y las ametralladoras interponiéndose entre nosotros y el ejército; los soldados permanecen inmóviles. Mientras que el general Lecomte ordena abrir fuego sobre la multitud, un suboficial saliendo de las filas, se coloca delante de su compañía, y en voz más alta que Lecomte, grita: ¡Culatas arriba! Los soldados obedecen (…) La Revolución estaba hecha.” (Michel,Louise. 1898)

Comuneras a la vanguardia

Las situación de hambre y miseria en la que estaban inmersas las familias trabajadoras y el desangre de la guerra, alentaba la resistencia del proletariado parisino, en particular a sus mujeres quienes padecían los salarios más bajos, las peores condiciones de trabajo, y estaban vedadas de derechos civiles, siendo víctimas de todo tipo de abusos.

Las jornadas del 18 de marzo fueron precedidas por una activa intervención de las mujeres en la resistencia, no sólo brindando asistencia médica a los combatientes, sino reclamando su lugar en el frente. El 8 de septiembre de 1870, un grupo de mujeres liderado por Louise Michel se manifestaron delante del ayuntamiento exigiendo armas para luchar contra los prusianos. En octubre volvieron a reclamar su lugar en la primera línea para combatir y atender a los heridos. Finalmente, a los ejércitos de la Comuna se integraron cantineras, camilleras y soldadas. Las mujeres de la Comuna, batallaron junto a los hombres, consientes que la igualdad de derechos y el fin de la opresión que pesaba sobre ellas vendrían de la mano del triunfo de un gobierno popular.

Sin embargo, su integración a las filas de la Guardia Nacional fue resistida por una parte de los anarquistas. Proudhon rechazó la participación de las mujeres en la vida social, política y productiva; para él las mujeres debía definirse entre dos destinos: ama de casa o prostitutas. Este debate recorrió la Primera Internacional, y fue combatida inicialmente por Marx y Engels, y más tarde por Harriet Law (integrada al Concejo General de la Asociación Internacional de los Trabajadores en 1867). Haciendo propias las posiciones de Marx y Engels, Law sostenía que liberación de las mujeres pasaba por la integración a la vida social y productiva, la liberación de la esclavitud doméstica, y la socialización de la crianza de los niños. Es en esta perspectiva que en 1871, Elisabeth Dmitrieff es enviada por la Primera Internacional a cubrir los eventos de la Comuna, donde termina desarrollando un rol protagónico como cofundadora de la Unión de Mujeres para la defensa de París.

La Unión de Mujeres fue una de las tantas organizaciones que emergieron en un breve lapso de tiempo. Ávidas de una intervención activa en la lucha que azotaba París, se fundaron organizaciones como el Comité para la Vigilancia de las Ciudadanas, o el Club de la Revolución Social, donde reclamaron igualdad de derechos políticos y organizaron la asistencia y participación en las trincheras.

La Unión de Mujeres tuvo un rol destacado en la defensa de la Comuna hasta el último minuto. En los primeros días de abril, Elisabeth Dmitrieff lanza un llamado a las mujeres de París: “¡Ciudadanas, todas resueltas, todas unidas, a las puertas de París, en las barricadas, en los barrios, en todas partes!”. Muchas se plegaron a este llamado y constituyeron uno de los brazos más sólidos en el combate. Dieron la batalla en todos los terrenos, organizando asambleas públicas y lanzando proclamas.

El 6 de mayo, publican un manifiesto polemizando con un comunicado anónimo de  mujeres de parís que reclama a Versalles la “paz a toda costa”.

El manifiesto de la Unión de Mujeres advierte que: “¡Hoy, una conciliación sería una traición! … Sería renegar de todas las aspiraciones obreras que aclaman la renovación social absoluta, la destrucción de todas las relaciones jurídicas y sociales existentes actualmente, la supresión de todos los privilegios, de todas las explotaciones, la substitución del reino del capital por el del trabajo, en una palabra, ¡la emancipación del trabajador por sí mismo!”. Y finaliza llamando a la defensa activa de la Comuna: “Todas unidas y resueltas, curtidas y esclarecidas por los sufrimientos que las crisis sociales arrastran siempre con ellas, profundamente convencidas de que la Comuna, representante de los principios internacionales y revolucionarios de los pueblos, lleva en ella los gérmenes de la revolución social, las Mujeres de París probarán a Francia y al mundo que ellas también sabrán, en el momento del peligro supremo – en las barricadas, en las murallas de París, si la reacción forzara las puertas- dar como sus hermanos su sangre y su vida ¡por la defensa y el triunfo de la Comuna, es decir, del Pueblo!” (Manifiesto del Comité Central de la Unión de Mujeres).

Las mujeres resistieron junto a los comuneros. Más de 10 mil mujeres combatieron en las jornadas de mayo en defensa de la revolución. Louise Michel lo describe así: “con la bandera roja al frente habían pasado las mujeres; tenían su barricada en la plaza Blanche. Estaban allí Elisabeth Dmitrieff , la señora Lemel, Malvina Poulain, Blanche Lefebvre, Excoffons. André Leo estaba en las de Batignolles”. Se trababa de uno de los batallones de composición mayoritariamente femenina, que resistió hasta el final mostrando aún mayor determinación que muchos hombres. Replegadas en la plaza Pigalle, Nathalie Lemel, líder del batallón, se dirigió a la Guardia Nacional: “Si no defienden las barricadas, las defenderemos nosotras” (Louise Michel, 1898).

Las petroleras

La valentía y decisión de las trabajadoras de romper con el régimen social que las oprimía de raíz, les valió un ensañamiento particular de la burguesía. Se descargó sobre ellas una campaña de desprestigio y estigmatización, bautizándolas despectivamente “las petroleras”. Acusadas de incendiar toda Francia, las petroleras eran la encarnación de todo lo que estaba mal: “mala madre”, “indecente”, acusadas de los peores crímenes como el de subvertir el orden público, y lanzar petróleo incendiado contra los soldados del régimen. Tras estas acusaciones  se inició una cacería de brujas, en donde toda trabajadora o mujer pobre era susceptible de ser acusada de petrolera, con el consecuente escarnio público y legal que eso implicaba.

Lo cierto es que en varias ocasiones los combatientes comuneros recurrieron al fuego como mecanismo de defensa. Quemaban edificios antes de las retiradas para que no puedan ser usados por sus enemigos; recurrían a él para bloquear calles, para quemar los cadáveres que dejaban las batallas, evitando la propagación de enfermedades. Durante 6 semanas el ejército contrarrevolucionario de Thiers bombardeo los barrios del París obrero. La Comuna había alertado “que empujada al extremo, se enterraría entre las ruinas de París y haría de esta capital un segundo Moscú”, la ciudad arrasada por los propios rusos frente a la invasión napoleónica (Marx, La guerra civil en Francia). Los cañonazos no caían sobre los barrios ricos, ni sobre los edificios emblemáticos de la burguesía. Thiers cuidaba los bienes de los propietarios burgueses y arrasaba con las viviendas y vidas obreras. “La Comuna sabía que a sus enemigos no les importaban las vidas del pueblo de París, pero que en cambio les importaban mucho los edificios parisinos de su propiedad” (ídem, Marx).

Las mujeres jugaron un papel decisivo en esta fase de la lucha militar, pero no se trataba de una organización de mujeres, sino de un recurso de batalla acuñado por algunos comuneros, que fue utilizado por la burguesía para estigmatizar, desprestigiar, y perseguir a las mujeres se osaban levantar la cabeza contra el orden social. Louise Michel, señalaba: “Sobre las petroleras circulan las más locas leyendas. No hubo petroleras: las mujeres lucharon como leonas; pero solo me vi a mi misma gritando: ¡Fuego! ¡fuego ante esos monstruos!”.

Tras la derrota de la comuna, el peso de la burguesía cayó con crudeza y sin distinción sobre las y los combatientes. Varias mujeres fueron condenadas a muerte, otras a largas estadías en prisión, y otras deportadas. Fue el caso de Louise Michel, quién en su juicio alegó “Pertenezco enteramente a la Revolución Social. Declaro aceptar la responsabilidad de mis actos. Hay que excluirme de la sociedad y se les dice a ustedes que lo hagan. Ya que, según parece, todo corazón que late por la libertad sólo tiene derecho a un poco de plomo, ¡exijo mi parte! Si me dejáis vivir, no cesaré de clamar venganza y de denunciar, en venganza de mis hermanos, a los asesinos de la Comisión de las Gracias”.

Conquistas y cuentas pendientes de la Comuna

Previo a la Comuna aún regía el Código Civil Francés, terriblemente  reaccionario en lo que respecta a las mujeres. Bajo esta legislación las mujeres estaban privadas del derecho al voto, carecían de todo tipo de derechos civiles, eran propiedad de sus maridos, pero no estaban exentas de sufrir la más brutal explotación laboral. No se reconocían las uniones convenidas, y los hijos extramatrimoniales eran considerados bastardos.En este contexto, la irrupción de las mujeres en la Comuna, colocó nuevamente en agenda una serie de derechos democráticos que habían sido bandera de las mujeres en la Revolución Francesa, y otros, propios de las mujeres trabajadoras.

Durante la comuna no se desarrolló un movimiento de mujeres con un programa común específico, aunque tuvieron un rol social y político muy activo. La Comuna instauró rápidamente un régimen de democracia obrera; y aunque las mujeres no tenían derecho de voto es probable que se hubiera avanzado en este sentido con el correr del tiempo. En los niveles de representación, en los distritos y entidades, había mujeres ocupando cargos de dirección.

Se ordenó una serie de medidas que mejoraron la situación de las mujeres, concediendo el derecho al divorcio mediante una declaración de voluntad, igualdad salarial, y una indemnización para las viudas de los comuneros caídos en combate. Asimismo, la delegación de Enseñanza creó una comisión para la educación de las mujeres, apuntando a las inmensas capas de proletarias excluidas de cualquier tipo de instrucción.

Con los decretos que dispusieron la separación de la Iglesia del Estado, y la Educación laica y gratuita, la Comuna avanzó en uno de los aspectos centrales que hacen a la opresión de la mujer. Utilizada por siglos como una herramienta de sometimiento moral y material de las mujeres, el desfinanciamiento de las Iglesias, la confiscación de sus bienes, y la supresión de los símbolos religiosos de los lugares públicos, supusieron un plafón clave para avanzar en otros derechos.

Aunque de manera tardía, el 18 de mayo, la Unión de Mujeres lanza un llamado a las obreras, encomendada por la Comisión del trabajo y del intercambio, para la constitución de Cámaras sindicales y federales de las trabajadoras. Se trataba de un primer ensayo para avanzar en un programa específico de protección a las mujeres trabajadoras.

Un movimiento clasista

La Comuna de París concentró una masiva y profunda intervención de mujeres que dividió aguas entre proletarias y burguesas. Las trabajadoras llegan a esta experiencia, no solo luego de atravesar la ola revolucionaria de 1848, la Primavera de los Pueblos, donde ya se asocia la lucha por la emancipación de las mujeres a la lucha de clases, sino que contaban con una mayor influencia de anarquistas, socialistas y comunistas, nucleados en la Primera Internacional.

Las primeras organizaciones de mujeres constituidas con el fin de apoyar a los soldados franceses que enfrentaban al ejército prusiano, entraron rápidamente en colisión con las mujeres de la burguesía que se adaptaron a la capitulación del gobierno de Thiers. Con el levantamiento de los comuneros, que enfrentaba a dos bandas a los invasores prusianos y al ejército de Versalles, las mujeres de la burguesía parisina vieron peligrar sus privilegios y se alinearon abiertamente tras la reacción, lo que terminó de fracturar cualquier punto de encuentro entre burguesas y proletarias. Su odio de clase quedará retratado en aquellas escenas posterior a la Semana Sangrienta, donde victoriosas, las mujeres burguesas mojaban sus sombrillas en la sangre derramada de obreros y obreras que recorría las calles de París.

Opuestas por el vértice, las organizaciones de mujeres más destacadas en la lucha de la Comuna llamaron sin titubeos a la revolución social, a combatir el régimen instaurado, y al triunfo del trabajo sobre el capital. Para ello defendieron en todos los terrenos la unidad con los trabajadores y trabajadoras, sin dejar de establecer sus propias organizaciones que les permita avanzar en un programa que atienda a su condición de doblemente oprimidas: por ser trabajadoras y por ser mujeres.

La experiencia del primer gobierno obrero en la historia fue una escuela de lucha política y social para las trabajadoras, que encararon con heroísmo y convicción la lucha por su emancipación y la de toda su clase.

Bibliografía

Louise Michel, La Comuna de París. Historia y recuerdos, 1898

H. Prosper-Olivier Lissagraray, Historia de la Comuna de Paris, 1971

Manifiesto del Comité Central de la unión de Mujeres para la defensa de París y los cuidados a los heridos, 6 de mayo de 1871

Silvio Costa,La Comuna de París y las mujeres revolucionarias, 2005

 

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